Vivir con dolor crónico no afecta únicamente al cuerpo. Cuando el dolor se mantiene durante meses, también puede influir en el estado de ánimo, el sueño, la energía, las relaciones, el trabajo y la forma en la que organizas tu día.

Es frecuente empezar a vivir pendiente de las sensaciones físicas:

“¿Me dolerá hoy?”

“¿Y si empeoro?”

“¿Podré hacer este plan?”

“¿Y si este dolor significa que me estoy haciendo más daño?”

Con el tiempo, el miedo, la frustración y la vigilancia constante pueden hacer que tu vida se vaya reduciendo cada vez más alrededor del dolor.

La psicología para el dolor crónico no parte de la idea de que el dolor sea imaginario ni de que “todo esté en tu cabeza”. El dolor es una experiencia real. El trabajo psicológico busca comprender cómo interactúan el dolor, los pensamientos, las emociones, la atención y el comportamiento para reducir su impacto y recuperar calidad de vida.

Soy Tábata García, psicóloga sanitaria, y en este artículo voy a explicarte cómo puede ayudar la psicología en el dolor crónico, qué efectos psicológicos puede producir el dolor persistente, qué se trabaja en terapia y qué estrategias pueden ayudarte a recuperar progresivamente actividades y sensación de control.

Tabla de contenido

¿Qué es el dolor crónico?

El dolor crónico o persistente es aquel que se mantiene durante un periodo prolongado y deja de comportarse únicamente como una señal puntual de alarma.

Cuando una lesión aguda aparece, el dolor puede tener una función protectora: avisa de que algo requiere atención.

En el dolor persistente, la experiencia puede volverse mucho más compleja.

Pueden intervenir factores relacionados con:

  • el sistema nervioso;
  • la condición médica existente;
  • el sueño;
  • el nivel de actividad;
  • el estrés;
  • las emociones;
  • la atención;
  • el miedo;
  • las expectativas.

Esto no significa que todos los dolores sean iguales ni que tengan la misma causa.

El tratamiento médico y la valoración sanitaria continúan siendo fundamentales cuando corresponden.

La psicología aborda la parte emocional, cognitiva y conductual asociada a vivir con dolor.

¿Por qué la psicología puede ayudar con el dolor crónico?

Porque nuestra experiencia del dolor no depende únicamente de lo que ocurre físicamente en una parte del cuerpo.

El cerebro procesa continuamente información procedente del organismo y del entorno.

Cuando existe dolor durante mucho tiempo puedes desarrollar respuestas comprensibles como:

  • vigilar constantemente las sensaciones;
  • preocuparte por un posible empeoramiento;
  • evitar actividades;
  • sentir miedo al movimiento;
  • reducir tu vida cotidiana;
  • anticipar dolor antes de hacer algo.

Estas respuestas pueden generar un círculo:

dolor → miedo → menos actividad → más atención al dolor → mayor preocupación → más limitaciones.

El trabajo psicológico puede ayudarte a modificar algunos componentes de ese ciclo.

El objetivo no es convencerte de que no te duele.

Es conseguir que el dolor tenga cada vez menos capacidad para decidir cómo vives.

Cómo influye la mente en el dolor crónico

Decir que los factores psicológicos influyen en el dolor puede generar rechazo.

Es comprensible.

Muchas personas que viven con dolor han escuchado frases como:

“Será estrés”.

“Tienes que dejar de pensar en ello”.

“Todo está en tu cabeza”.

Estas afirmaciones pueden hacer que una persona se sienta invalidada.

Pero hablar de psicología del dolor significa algo diferente.

La experiencia de dolor puede verse influida por procesos como:

  • atención;
  • miedo;
  • estrés;
  • ansiedad;
  • sueño;
  • expectativas;
  • pensamientos;
  • experiencias previas.

Por ejemplo, imagina que notas una sensación física y piensas inmediatamente:

“Esto significa que estoy empeorando”.

El miedo aumenta.

Empiezas a vigilar más el cuerpo.

Detectas cada pequeña variación.

La sensación ocupa cada vez más espacio en tu atención.

No significa que hayas inventado el dolor.

Significa que la amenaza asociada a la sensación puede aumentar el sufrimiento y la vigilancia.

Dolor crónico y sistema de alarma

Una manera sencilla de entenderlo es pensar en el sistema de protección del organismo.

Cuando el cerebro interpreta que existe peligro, puede aumentar la vigilancia.

Esto tiene sentido cuando existe una amenaza.

Pero si llevas mucho tiempo con dolor, puedes acabar desarrollando una sensibilidad muy elevada hacia cualquier señal corporal.

Por ejemplo:

movimiento → sensación → “puedo hacerme daño” → miedo → reducción de actividad.

El objetivo psicológico no consiste en ignorar las señales físicas.

Consiste en aprender a distinguir mejor entre sensación, amenaza percibida y respuesta de miedo, siempre dentro de las indicaciones médicas correspondientes.

Efectos psicológicos del dolor crónico

El impacto psicológico del dolor crónico puede ser muy importante.

No solo tienes que afrontar una sensación desagradable.

También pueden cambiar múltiples aspectos de tu vida.

Ansiedad

Puedes desarrollar preocupación relacionada con:

  • la evolución;
  • nuevos síntomas;
  • actividades;
  • trabajo;
  • futuro;
  • posibilidad de empeorar.

La incertidumbre puede hacer que el dolor esté presente mentalmente incluso cuando su intensidad es menor.

Tristeza y desmotivación

Si has tenido que abandonar actividades importantes, puede aparecer una sensación de pérdida.

Quizá antes:

  • hacías deporte;
  • viajabas;
  • salías más;
  • trabajabas de otra manera;
  • realizabas actividades familiares.

Perder parte de esa vida puede generar tristeza, frustración y menor motivación.

Irritabilidad

Vivir con molestias persistentes consume recursos.

Cuando además duermes mal o estás agotada, puedes tener mucha menos paciencia.

Esto puede afectar también a tus relaciones.

Miedo

Puedes empezar a temer:

  • ciertos movimientos;
  • determinados planes;
  • esfuerzos;
  • empeorar;
  • tener una crisis de dolor fuera de casa.

Si este miedo aumenta, puede condicionar progresivamente tus decisiones.

Sensación de pérdida de control

Una de las experiencias más difíciles puede ser no saber cómo estará tu cuerpo mañana.

Puedes planificar algo y tener que cancelarlo.

Con el tiempo aparece:

“Ya no puedo organizar mi vida porque todo depende del dolor”.

Trabajar la sensación de control es una parte importante del proceso psicológico.

Aislamiento

Quizá empiezas a rechazar planes porque:

  • tienes dolor;
  • temes empeorar;
  • no sabes cómo estarás;
  • sientes que nadie te entiende.

Al principio puede parecer más fácil quedarse en casa.

Pero si el aislamiento aumenta mucho puede afectar todavía más al estado de ánimo.

Dolor crónico y ansiedad

La relación entre dolor crónico y ansiedad puede ser bidireccional.

El dolor puede generar ansiedad.

Y la ansiedad puede aumentar:

  • tensión;
  • hipervigilancia;
  • preocupación;
  • dificultad para descansar.

Puede aparecer un círculo:

siento dolor → me preocupo → vigilo más el cuerpo → noto más sensaciones → aumenta la preocupación.

Esto no significa que la ansiedad sea la causa de todo el dolor.

Significa que puede convertirse en un elemento adicional que aumenta la carga psicológica de convivir con él.

Si además tienes dudas sobre tus síntomas de ansiedad, puedes consultar cómo saber si tengo ansiedad.

Dolor crónico y depresión

Vivir durante mucho tiempo con dolor también puede afectar al estado de ánimo.

Especialmente cuando aparecen:

  • limitaciones;
  • pérdida de actividades;
  • dificultades laborales;
  • problemas de sueño;
  • aislamiento;
  • sensación de falta de futuro.

No toda tristeza asociada al dolor significa depresión.

Pero conviene prestar atención si aparece durante un periodo mantenido:

  • pérdida generalizada de interés;
  • desesperanza;
  • aislamiento intenso;
  • apatía;
  • deterioro significativo de tu funcionamiento.

En estos casos puede ser necesaria una valoración psicológica más amplia.

Dolor crónico y sueño

El sueño y el dolor pueden influirse mutuamente.

El dolor puede dificultar:

  • encontrar una postura;
  • conciliar el sueño;
  • mantenerlo.

Y dormir mal puede hacer que al día siguiente tengas:

  • más cansancio;
  • menos tolerancia al malestar;
  • peor estado de ánimo;
  • mayor sensibilidad.

Entonces puede aparecer otro círculo:

dolor → peor sueño → agotamiento → mayor dificultad para afrontar el dolor.

Por eso el descanso puede formar parte del tratamiento psicológico.

Dolor crónico y miedo al movimiento

Después de experimentar dolor durante una actividad es comprensible que aparezca cierta precaución.

Puedes pensar:

“Si hago esto otra vez me voy a hacer daño”.

Entonces dejas de hacerlo.

El problema aparece cuando el miedo empieza a extenderse a cada vez más actividades.

Por ejemplo:

primero evitas una actividad intensa → después determinados movimientos → después salir → finalmente reduces gran parte de tu actividad.

Esta evitación puede afectar:

  • condición física;
  • autonomía;
  • confianza;
  • estado de ánimo.

Cualquier recuperación de movimiento debe adaptarse a tu situación médica y funcional.

Desde la psicología podemos trabajar el miedo y las creencias que rodean al movimiento, coordinándonos con otros profesionales cuando sea necesario.

Qué es la hipervigilancia al dolor

La hipervigilancia aparece cuando gran parte de tu atención está continuamente centrada en comprobar qué ocurre en tu cuerpo.

Puedes preguntarte constantemente:

“¿Me duele más?”

“¿Dónde me duele ahora?”

“¿Está empezando otra crisis?”

“¿Esto es normal?”

Esta vigilancia tiene una lógica: quieres detectar rápidamente cualquier problema.

Pero mantener toda la atención centrada en el cuerpo puede hacer que el dolor ocupe todavía más espacio en tu día.

El objetivo no es ignorar síntomas importantes.

Se trata de reducir una vigilancia continua que está consumiendo gran parte de tu atención y aumentando el miedo.

Qué es el catastrofismo ante el dolor

Cuando hablamos de catastrofismo en dolor crónico, nos referimos a determinados patrones de pensamiento en los que las sensaciones se interpretan de forma especialmente amenazante o incontrolable.

Por ejemplo:

“Esto nunca va a mejorar”.

“Cada vez voy a estar peor”.

“No voy a poder soportarlo”.

“Mi vida se ha acabado”.

No significa que estés exagerando voluntariamente.

Estos pensamientos pueden aparecer después de meses o años viviendo con dolor y frustración.

En terapia podemos trabajar para desarrollar interpretaciones más ajustadas.

Por ejemplo:

En lugar de:

“Hoy tengo más dolor, así que estoy empeorando definitivamente”.

podemos trabajar:

“Hoy el dolor está más intenso. Necesito valorar qué factores pueden estar influyendo y adaptar el día sin sacar conclusiones definitivas sobre mi evolución”.

Por qué luchar constantemente contra el dolor puede agotarte

Cuando existe dolor crónico es comprensible desear:

“Quiero que desaparezca”.

El problema aparece cuando toda tu vida queda organizada alrededor de:

  • controlarlo;
  • medirlo;
  • evitarlo;
  • comprobarlo;
  • buscar constantemente cómo eliminarlo.

Puedes terminar dedicando una enorme cantidad de energía mental al dolor.

Una parte del trabajo psicológico consiste en modificar progresivamente la relación con esa experiencia.

No significa resignarse.

Significa poder pensar:

“Puedo continuar construyendo vida incluso mientras trabajo para manejar este problema”.

Cómo afecta el dolor crónico a la autoestima

Las limitaciones también pueden afectar a cómo te ves.

Quizá piensas:

“Antes podía hacer mucho más”.

“Ya no soy la misma persona”.

“Soy una carga”.

“No sirvo para nada”.

Estas conclusiones pueden aparecer especialmente cuando has tenido que abandonar actividades importantes.

Pero tu valor personal no depende de tu nivel actual de productividad o capacidad física.

También puede ser necesario reconstruir identidad y autoestima alrededor de nuevas formas de vivir.

Si este problema tiene mucho peso, puedes consultar cómo mejorar la autoestima paso a paso.

Cómo afecta el dolor crónico a la pareja y a la familia

El dolor también puede modificar las relaciones.

Tu entorno puede no comprender bien:

  • por qué un día puedes hacer algo y otro no;
  • por qué estás más irritable;
  • por qué cancelas planes;
  • cuánto esfuerzo supone realizar determinadas tareas.

También puedes sentir culpa:

“Estoy condicionando la vida de todo el mundo”.

La comunicación puede ayudar a distinguir entre:

  • pedir apoyo;
  • mantener autonomía;
  • explicar límites;
  • evitar sobreprotección.

Cada familia necesita encontrar un equilibrio diferente.

¿Qué puede hacer un psicólogo para el dolor crónico?

Un psicólogo especializado en dolor crónico puede ayudarte a trabajar los aspectos psicológicos que están aumentando el sufrimiento o reduciendo tu calidad de vida.

Dependiendo del caso podemos abordar:

  • miedo;
  • ansiedad;
  • pensamientos catastróficos;
  • hipervigilancia;
  • evitación;
  • estado de ánimo;
  • sueño;
  • regulación emocional;
  • recuperación de actividades;
  • autoestima;
  • adaptación a limitaciones.

El objetivo no es sustituir el tratamiento médico.

El abordaje psicológico puede formar parte de un tratamiento más amplio junto a otros profesionales sanitarios.

Terapia cognitivo-conductual para el dolor crónico

Uno de los enfoques utilizados en psicología es la terapia cognitivo-conductual para el dolor crónico.

Este enfoque analiza cómo interactúan:

situación → pensamientos → emociones → comportamientos → consecuencias.

Por ejemplo:

Situación: aparece dolor después de caminar.

Pensamiento: “si sigo andando voy a empeorar”.

Emoción: miedo.

Conducta: dejas de salir.

Consecuencia inmediata: disminuye el miedo.

Consecuencia a largo plazo: aumenta la evitación y disminuye tu confianza.

Trabajar este tipo de secuencias permite detectar dónde podemos introducir cambios.

Puedes conocer mejor el enfoque general en qué es la terapia cognitivo-conductual y para qué sirve.

Qué se trabaja en terapia psicológica para el dolor crónico

El tratamiento se adapta a cada persona.

No todas las personas con dolor necesitan trabajar las mismas áreas.

1. Comprender tu experiencia de dolor

Primero necesitamos conocer:

  • qué dolor tienes;
  • cómo afecta a tu vida;
  • qué tratamientos has recibido;
  • qué actividades has reducido;
  • qué emociones aparecen;
  • cuáles son tus principales preocupaciones.

No trabajamos únicamente con una escala de intensidad del dolor.

Queremos comprender cómo está afectando a tu vida completa.

2. Identificar pensamientos que aumentan el sufrimiento

Podemos detectar pensamientos como:

“Ya nunca podré volver a hacer nada”.

“Mi cuerpo me está fallando”.

“No puedo soportar otro día así”.

Después analizamos estas interpretaciones sin minimizar el problema.

El objetivo es desarrollar formas de pensar que sean realistas pero menos incapacitantes.

3. Reducir la hipervigilancia

Podemos trabajar para que tu atención deje de estar permanentemente centrada en cada sensación.

Esto no implica dejar de escuchar a tu cuerpo.

Significa recuperar capacidad para prestar atención también a:

  • conversaciones;
  • actividades;
  • entorno;
  • proyectos;
  • otras experiencias.

4. Trabajar el miedo al movimiento

Cuando existen actividades médicamente adecuadas que has abandonado principalmente por miedo, puede trabajarse una recuperación gradual.

No se trata de:

“aguanta aunque te duela”.

Se trata de avanzar de una manera planificada, segura y adaptada a tus circunstancias.

5. Recuperar actividades importantes

Uno de los objetivos puede ser responder:

“¿Qué vida quiero recuperar aunque el dolor todavía exista?”

Tal vez quieras:

  • volver a ver amistades;
  • salir de casa;
  • realizar una afición;
  • recuperar algún nivel de actividad;
  • participar más en la familia.

En lugar de esperar a que el dolor sea cero para volver a vivir, podemos buscar formas adaptadas de recuperar progresivamente actividades valiosas.

6. Trabajar el estado de ánimo

Si el dolor ha reducido considerablemente tus fuentes de satisfacción, puede ser necesario reconstruirlas.

Puede incluir:

  • recuperar rutinas;
  • aumentar actividades significativas;
  • reducir aislamiento;
  • trabajar pensamientos de desesperanza.

7. Manejar el estrés y la ansiedad

Podemos trabajar estrategias para reducir la activación asociada al dolor.

No porque el estrés sea “la causa” de todo.

Sino porque convivir permanentemente en alerta puede aumentar el desgaste psicológico.

8. Aprender a adaptar la actividad

En algunas personas aparece un patrón de:

día bueno → hago todo lo acumulado → aumento importante de síntomas → necesito varios días de recuperación.

Entonces vuelve otro día mejor y se repite.

Puede ser útil trabajar una actividad más estable y adaptada, evitando tanto la inactividad excesiva como los picos difíciles de sostener.

Qué técnicas psicológicas se utilizan para el dolor crónico

Dependiendo de la evaluación, pueden trabajarse herramientas relacionadas con:

  • reestructuración cognitiva;
  • regulación emocional;
  • atención;
  • exposición gradual a actividades evitadas;
  • planificación de actividad;
  • resolución de problemas;
  • manejo del estrés;
  • relajación cuando resulta útil;
  • recuperación de actividades valiosas.

No existe una única técnica psicológica para eliminar el dolor crónico.

La intervención se diseña según los factores que están influyendo en cada caso.

¿La terapia psicológica puede quitar el dolor crónico?

No sería adecuado prometerlo.

La terapia psicológica no puede garantizar que desaparezca una condición médica o que el dolor llegue a cero.

Los objetivos pueden incluir:

  • reducir sufrimiento;
  • disminuir miedo;
  • recuperar actividades;
  • mejorar el estado emocional;
  • aumentar sensación de control;
  • mejorar calidad de vida.

En algunas personas puede cambiar también la intensidad con la que experimentan el dolor, pero el tratamiento psicológico no debe venderse como una cura garantizada del dolor físico.

Aceptar el dolor no significa resignarse

La palabra aceptación puede generar rechazo.

Puede sonar a:

“Me tengo que conformar”.

Pero psicológicamente no significa eso.

Aceptar una realidad actual significa dejar de gastar toda tu energía intentando negar que existe.

Puedes pensar:

“Ahora mismo convivo con este problema y quiero decidir qué puedo hacer a partir de aquí”.

Eso es compatible con:

  • continuar tratamientos;
  • realizar rehabilitación;
  • buscar mejoría;
  • mantener esperanza.

Aceptación y cambio no son opuestos.

Qué puedes hacer para convivir mejor con el dolor crónico

Además del tratamiento individual, algunas estrategias pueden ayudarte.

1. Evita medir tu día únicamente por cuánto dolor has tenido

Puedes terminar valorando:

“Hoy ha sido un buen día porque me dolía 3”.

“Hoy ha sido horrible porque me dolía 7”.

Prueba a incorporar también:

  • qué has hecho;
  • qué has disfrutado;
  • con quién has estado;
  • qué has conseguido adaptar.

El dolor puede ser una parte del día sin convertirse necesariamente en el único criterio para decidir si tu día ha valido la pena.

2. Observa qué actividades has abandonado

Haz una lista de cosas que antes hacías y ahora no.

Después diferencia:

  • actividades que realmente no son adecuadas actualmente;
  • actividades que has dejado principalmente por miedo;
  • actividades que podrías adaptar.

Esta distinción puede abrir posibilidades.

3. Evita los extremos de actividad

Si tu situación lo permite, intenta evitar el patrón:

hacer demasiado cuando te encuentras mejor y no hacer nada cuando empeoras.

Una actividad más regular puede resultar más sostenible.

4. Identifica pensamientos que aparecen en los días malos

Por ejemplo:

“Ya estoy otra vez igual”.

“Todo el progreso ha desaparecido”.

Un día peor no permite necesariamente concluir que todo el proceso vaya hacia atrás.

La evolución puede tener fluctuaciones.

5. Mantén actividades que tengan significado para ti

No todo tiene que centrarse en tratar el dolor.

También necesitas espacios relacionados con:

  • relaciones;
  • ocio;
  • aprendizaje;
  • intereses;
  • proyectos.

Tu identidad es más amplia que tu dolor.

6. Pide ayuda cuando la necesites sin renunciar automáticamente a tu autonomía

Recibir ayuda puede ser necesario.

Pero también puede ser importante mantener todas aquellas actividades que todavía puedas realizar de forma segura.

El equilibrio debe adaptarse a cada situación.

Qué no conviene decirle a una persona con dolor crónico

Si acompañas a alguien con dolor, conviene evitar comentarios como:

“Es psicológico”.

“Intenta no pensar en ello”.

“Hay gente que está peor”.

“Si fueras más positiva te dolería menos”.

Estas frases pueden aumentar la sensación de incomprensión.

Puede resultar más útil preguntar:

“¿Qué necesitas hoy?”

o:

“¿Cómo puedo ayudarte sin hacer por ti cosas que prefieres seguir haciendo tú?”

¿Cuándo acudir a un psicólogo por dolor crónico?

Puede ser recomendable buscar ayuda psicológica para el dolor crónico cuando:

  • gran parte de tu día gira alrededor del dolor;
  • tienes mucho miedo a empeorar;
  • has abandonado numerosas actividades;
  • existe ansiedad;
  • el estado de ánimo está deteriorándose;
  • te estás aislando;
  • tienes problemas de sueño;
  • sientes que has perdido el control de tu vida;
  • las relaciones están viéndose afectadas;
  • emocionalmente estás agotada.

No significa que el dolor sea psicológico.

Significa que vivir con él está generando consecuencias psicológicas que también pueden tratarse.

Psicólogo para dolor crónico y tratamiento médico: ¿son compatibles?

Sí.

El abordaje psicológico no pretende sustituir:

  • diagnóstico médico;
  • seguimiento;
  • fisioterapia;
  • rehabilitación;
  • tratamiento farmacológico cuando está indicado.

En muchos casos tiene sentido un abordaje multidisciplinar.

Cada profesional trabaja una parte diferente del problema.

Desde psicología podemos centrarnos especialmente en cómo convivir con el dolor con menos miedo, sufrimiento y limitación.

¿Cuándo hay que consultar al médico?

No conviene asumir que cualquier dolor o cambio en los síntomas se explica por factores psicológicos.

Si aparece:

  • un dolor nuevo;
  • un cambio importante;
  • síntomas intensos;
  • signos que te preocupan;

consulta con el profesional sanitario correspondiente.

La psicoterapia no sustituye la valoración médica de síntomas físicos.

Preguntas frecuentes sobre psicología y dolor crónico

¿Puede la psicología ayudar con el dolor crónico?

Sí puede ayudar a trabajar el impacto emocional y conductual del dolor, como miedo, ansiedad, evitación, hipervigilancia, estado de ánimo y pérdida de actividades.

¿El dolor crónico puede ser psicológico?

El dolor es una experiencia real. Los factores psicológicos pueden influir en cómo se procesa y experimenta sin que eso signifique que sea inventado o imaginario.

¿Qué hace un psicólogo para el dolor crónico?

Evalúa cómo el dolor está afectando a tu vida y puede trabajar pensamientos, miedo, ansiedad, evitación, regulación emocional y recuperación progresiva de actividades.

¿Qué terapia psicológica se utiliza para el dolor crónico?

La terapia cognitivo-conductual es uno de los enfoques que puede utilizarse. El tratamiento debe adaptarse a la persona y a los factores que mantienen su malestar.

¿La ansiedad aumenta el dolor?

La ansiedad puede aumentar tensión, vigilancia corporal y sensación de amenaza, factores que pueden influir en la experiencia del dolor.

¿Qué relación existe entre dolor crónico y depresión?

Las limitaciones, el aislamiento, la pérdida de actividades y el desgaste prolongado pueden afectar significativamente al estado de ánimo.

¿Qué es el miedo al movimiento en el dolor crónico?

Es el temor a que una determinada actividad o movimiento provoque daño o un empeoramiento. Puede llevar a evitar progresivamente actividades y reducir autonomía.

¿Qué es el catastrofismo del dolor?

Es un patrón en el que el dolor se interpreta mediante pensamientos especialmente amenazantes, incontrolables o desesperanzadores.

¿Aceptar el dolor significa resignarme?

No. Significa reconocer la realidad actual para poder decidir cómo quieres actuar, sin renunciar necesariamente a continuar buscando mejoría.

¿La terapia puede hacer desaparecer el dolor?

No puede garantizarse. La terapia psicológica busca principalmente reducir el impacto y el sufrimiento asociados y mejorar el funcionamiento y la calidad de vida.

¿Necesito dejar mi tratamiento médico para hacer terapia?

No. La psicoterapia puede complementar otras intervenciones sanitarias cuando sea necesario.

¿Cuándo debería acudir a un psicólogo por dolor crónico?

Cuando el dolor está afectando significativamente a tu estado emocional, sueño, relaciones, actividades o sensación de control.

Si el dolor está empezando a ocupar toda tu vida

Convivir con dolor crónico puede producir un desgaste enorme, especialmente cuando cada actividad empieza a organizarse alrededor del miedo a empeorar.

El objetivo de la psicología no es decirte que ignores el dolor ni convencerte de que no existe.

Buscamos ayudarte a comprender mejor la relación entre dolor, emociones, pensamientos y comportamiento para que puedas recuperar autonomía, actividades y calidad de vida dentro de tus circunstancias.

Soy Tábata García, psicóloga sanitaria en Valencia, y trabajo con el impacto psicológico del dolor crónico desde un enfoque adaptado a cada persona.

Puedes conocer cómo trabajo el tratamiento psicológico para el dolor crónico en Valencia, ampliar información sobre terapia cognitivo-conductual o reservar una primera sesión.

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